Intentemos en la medida de lo posible partir de materias primas, de esta manera minimizar el consumo de alimentos procesados; esto no es porque sean poco recomendables por sí mismos, pero la gran mayoría incluye grandes cantidades de sal, azúcares o proteína y grasa de menor calidad nutricional.

 

  

 

 No dejarnos engañar con publicidad engañosa. Intentemos elegir los productos más saludables y que nos aportan más beneficios de forma natural.

 

Aprender a interpretar el etiquetado nutricional es un paso imprescindible para que seamos nosotros los que elegimos el producto y no el producto a nosotros.