Se recomienda disminuir la ingesta calórica sin detrimento en el suministro de proteínas, minerales y vitaminas.

Recomendaciones generales

- El peso corporal debe ser lo más cercano posible al peso ideal.

- Consumir alimentos con un alto contenido en nutrientes, sobretodo en el caso que la ingesta calórica total sea pequeña. El aporte energético mínimo debe ser de 16oo Kcal/día.

- Consumir preferentemente hidratos de carbono complejos como pan, leguminosos y cereales.

- Consumir proteínas tanto de origen animal como vegetal. Sería óptima una proporción del 60% de origen vegetal y 40% de origen animal.

Las fuentes de las proteínas de origen animal deben ser: leche desnatada, yogur, quesos magros, requesón, huevos (2 a la semana, aunque la ingesta de claras no esté limitada), pescado azul o blanco y pollo sin piel.

- Consumir alimentos ricos en fibra como las frutas y los vegetales. Las fibras mucilaginosas del tipo pectinas (naranjas, la manzana, las uvas, zanahorias, castañas, membrillo...), suelen ser mejor toleradas que las fibras que contengan mucha lignina como sería el caso del salvado y del pan integral. La fibra es muy beneficiosa para paliar los problemas que plantea la disminución de motilidad intestinal que conduce a estreñimiento. Asimismo, ayuda a la reducción del riesgo de cáncer gastrointestinal.

- Evitar el abuso del alcohol y de bebidas estimulantes.

- Evitar el consumo de condimentos fuertes.

- Intentar comer en compañía.

- Los aceites que se utilicen deben ser vegetales: oliva, girasol y maíz.

- En los alimentos cocidos, la persona mayor debe ingerir siempre el líquido, jugo o caldo que se produce para aprovechar así todas las vitaminas y los minerales propios del alimento.

- Se deben consumir frutas y verduras frescas sin pelar ni exprimir en la medida de lo posible para aprovechar la fibra y las vitaminas que contienen. Si se tienen problemas masticatorios, hecho que obliga a su trituración, el producto resultante no debe ingerirse más tarde de media hora después de su preparación.

- Ingerir 2 litros de agua al día, además de la que aporten intrínsecamente los alimentos (aunque no se tenga sed). Esta ingesta de líquidos debe ser en forma de agua (sin gas y que no esté mineralizada excesivamente), infusiones, zumos, jugos y caldos. Esto contribuye a mantener la filtración renal correcta, contrarresta al estreñimiento y previene la deshidratación.

- Pasear al sol para favorecer la producción de vitamina D, evitando las horas de máxima exposición solar y con la protección adecuada.

- Mantener un cierto grado de actividad física.

 

Rocío Martínez Muñoz

Psicóloga experta en dietética y nutrición.